10 abril 2013

TEXTOS DISPERSOS (IV). GONZALO DE AYALA

¿Quién es Gonzalo de Ayala? Un impresor, más concretamente, un corrector de imprenta que trabajó dentro de la primera mitad del siglo XVII en la imprenta de Luis Sánchez y en la Imprenta Real. Como personaje del mundo de la imprenta tuvo un reconocimiento ya en su tiempo que le llevó a obtener una fama merecida de hombre erudito, lector de griego, hebreo y latín, en los círculos literarios de la Corte. Personaje que nos viene a confirmar que un buen corrector debía tener amplios conocimientos de lenguas, ortografía y tipografía. En 1615 Cristóbal Suárez de Figueroa lo cita en su obra Plaza universal de todas ciencias y artes (1):


Mencionado muchos años después de su tiempo por Alonso Víctor de Paredes en su Institución y origen del arte de la imprenta y reglas generales de los componedores (ca. 1680, el primer manual tipográfico español) (2) como un predecesor eminente en su trabajo de impresor-corrector, "hombre muy noticioso, diestro y avisado en la impresión, y en diversas facultades". Y en la misma obra vuelve a aparecer como autoridad importante en la fijación de la ortografía castellana en la imprenta en el título del capítulo tercero: "Explicación de ortografía, según la doctrina de Felipe Mey en el Thesaurus verborum y de Guillermo Foquel en su Orthographía castellana, y conforme a la corrección que estilava Gonçalo de Ayala.".
Sin lugar a dudas el documento más importante que tenemos es una informacón en derecho escrita por Ayala, en compañía del abogado Juan de Valdés para las partes más jurídicas, en nombre de los impresores de Madrid para defender su profesión como arte muy diferente de la actividad de los libreros. Este impreso salió de la imprenta en la que trabajaba Ayala, la de Luis Sánchez, en 1619, y en él encontramos pasajes preciosos sobre la profesión tipográfica (3):

El corrector (de que huvo antiguamente y ay muchos graduados en las universidades en diferentes ciencas) ha de saber gramática, ortografía, etimologías, apuntuación, colocación de acentos, tener noticia de las ciencias y buenas letras, haziéndose capaz del assumpto del libro que se imprime, conocimiento de autores, de caracteres griegos y hebreos, [cifras médicas, astrológicas, abreviaturas escolásticas], reglas de música para libros de canto, buen discurso para conocer ex antecedentibus & subsequentibus la razón confusa, elocución y arte para emendar barbarismos, solecismos, y otros defetos que se cometen en latín y romance, saber el comportamiento de las planas, para que salgan en orden, y numerosos, y cuenta para los folios. De más de esto ha de tener el oído atento a lo que se lee, la vista a lo que se mira: el entendimiento a la contextura de lo que se corrige para emendar las faltas, y tanta atención, que qualquiera defeto corre por su cuenta. [...].
El componedor que junta y compone las letras, tiene sus particulares dificultades. Muchos dellos son latinos, y de componedores han venido a correctores: y assí casi es un ministerio en este particular: y los que no saben latín por lo menos han de saber la gramática castellana, poner las planas en buen orden y correspondencia, compartición de números, la traza de los árboles genealógicos y cierta cuenta particular y muy dificultosa: pues componiendo una plana, es fuerça cuente otras a buena disposición, y aquellas queden en la imaginación para componerlas después, y hazer que vengan a plana renglón: porque no todo se compone seguidamente sino alternado. Y en tantas diferencias como son las marcas de los libros, folio, quarto, octavo y los demás, ay diferentes órdenes y imposiciones, dificultad en que los más expertos yerran muchas vezes. Sin esto, tienen también conocimiento de los caracteres griegos, ligaturas, diferencias de acentos y espíritus: el de los hebreos y otros diferentes, canto, etc. [...].
 El ministerio del fundidor, que es hazer las letras, tiene tanta dificultad, que para hazerse buenos caracteres, es menester mucha destreza, porque tiene tantos instrumentos y matrizes, en que se funden, y estos tan dificultosos de concertar, que son raros los que salen perfetos artífices.
Síguese otro género, que llaman tiradores, que son los que después de correcta y compuesta la que llaman forma, la imprimen, y donde se imprime, se llama prensa, que tiene tal concierto, que en su tanto es como un relox, según la variedad de instrumentos que requiere: porque son las dificultades muchas, aunque parece lo más fácil [...]
También se sirve la imprenta de abridores de letras de madera y cobre, y estampas de fondo y relieve, que llaman basto y fino, retratos, armas y figuras en todo género de artes, y tinta diferente, que llaman de estampa fina [...].

En otra parte del impreso Ayala trata de la introducción del arte de la imprenta en España, de la venida de impresores extranjeros y de cómo, por culpa de la llegada de libros ilegales de fuera los impresores fueron marchándose y reduciéndose los de aquí:

Floreció assí el arte de imprimir algunos años, hasta que entrando surrepticiamente libros de fuera del reyno, particulares interesses causaron daños generales a los impresores, defraudándolos de su ocupación, a los autores del fruto de sus estudios y desvelos, y a su Magestad de los derechos que se le pagavan del papel blanco, que en España se imprimía: entrando assimismo muchos libros con errores heréticos, como consta de los prohibitorios y expurgatorios que sobre ello se han impresso, [...]
Por esto muchos artífices estrangeros se bolvieron a sus tierras, y los naturales se han ido acabando, y perdídose las imprentas, de suerte que apenas se hallan en algunas partes donde las huvo, memorias de lo que fueron en otro tiempo, si bien los pocos artífices que avía se conservaron hasta aora en su pacífica possessión, continuada desde sus principios por más de cien años.
En esta Corte la Magestad del religiosíssimo y santo rey don Felipe Segundo quiso bolviese a revivir este arte, mandando venir a ella desde Salamanca a Iulio de Iunti, dándole ayudas de costa, y haziéndole otras mercedes, y honrándole con título de su Impressor, y con su real presencia al arte y a sus professores en esta Corte, Alcalá de Henares y otras partes. [...].

Para acabar voy a traer la otra faceta artística del corrector Gonzalo de Ayala, la de poeta. A falta de hacer un estudio más exhaustivo encontramos poemas suyos desperdigados en preliminares de obras de otros autores y en justas poéticas y otras obras colectivas (4). El que aquí traigo es raro por cuanto se oculta en una obra de tema científico, el tratado farmacéutico de Francisco Vélez de Arciniega, Theoria pharmaceutica sectiones septem... (Matriti, ex Typographia Regia, 1624).







(1) Suárez de Figueroa, Cristóbal, Plaza universal de todas ciencias y artes, En Madrid, por Luis Sánchez, 1615, f. 119 v.
(2) Dado a conocer y editado por Jaime Moll. La última vez en Madrid, Calambur, 2002.
(3) Impreso descubierto en la Biblioteca Pública de Toledo, hoy Biblioteca de Castilla-La Mancha, por Víctor Infantes que lo dio a conocer íntegramente en "La apología de la imprenta de Gonzalo de Ayala: un texto desconocido en un pleito de impresores del Siglo de Oro", en Cuadernos bibliográficos, 44 (1982), 33-47. Reproducido también en Víctor Infantes, Del libro áureo, Madrid, Calambur, 2006, 195-211.
(4) Recopilados por José Simón Díaz, Bibliografía de la literatura hispánica, vol. VI, Madrid, CSIC, 1973. Habría que actualizar esta lista con otros poemas de Ayala presentes en más obras que no recogió Simón Díaz.

03 abril 2013

DEL APUNTE AL PESPUNTE: CONFECCIÓN DEL APUNTE TEATRAL

El título de la entrada de hoy es el de la exposición que se puede visitar actualmente en las dependencias de la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid. En ella se hace un estudio muy completo de los textos desde los que surgían las representaciones teatrales que tenían lugar en los teatros o corrales de comedias madrileños desde el siglo XVII. Para llevar a cabo una obra se necesitaban varias copias del original manuscrito destinadas a los diferentes participantes en su montaje y realización. Desde los actores, hasta los directores pasando por tramoyistas, apuntadores y todos los que necesitaran contar con una copia para llevar a cabo su trabajo. Otra de las copias de la obra se destinaba a los censores para obtener su correspondiente licencia de representación. A lo largo de la exposición vemos ejemplos de manuscritos creados con diferentes funciones llevados a cabo por el apuntador, de ahí que se conozcan con el nombre de apuntes. El que no pueda visitar la exposición deberá conformarse con su versión virtual en la que se ven imágenes de las diferentes vitrinas de la muestra acompañadas de los textos explicativos. Para los responsables de la exposición no habrá sido sencillo elegir los apuntes mostrados ya que la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid reúne una de las mayores colecciones de este tipo de textos, en torno a 15.000. No olvidemos que esta biblioteca se nutrió a finales del siglo XIX de los fondos procedentes de los antiguos teatros madrileños de la Cruz y del Príncipe por lo que su colección de teatro y música, impresa y manuscrita, es enorme.
Veo que en la página de la biblioteca hay disponibles otras exposiciones pasadas para su visita virtual. De entre ellas la que más me atrae es la dedicada a los Refranes y aforismos en la España del siglo XVII. Si tenemos en cuenta que esta biblioteca también cuenta con uno de los mayores fondos paremiológicos del mundo es lógico que se hiciera una exposición dedicada al tema. Este fondo en su inicio hay que situarlo en la colección reunida por el librero Melchor García Moreno adquirida por el Ayuntamiento de Madrid en 1922. 

En otra ocasión ya traté de los autógrafos de Calderón de la Barca que se encuentran en esta biblioteca. Toda la información sobre la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid, por historia y fondos una de las más importantes bibliotecas madrileñas, la podemos encontrar en su web.