23 junio 2016

BIBLIOTECAS DE CAPUCHINOS, GÓNGORA Y QUEVEDO

Para los que nos dedicamos a esto de las bibliotecas, la bibliografía y el libro antiguo siempre es buena noticia la aparición de un nuevo catálogo. En esta ocasión se acaba de presentar el catálogo colectivo de las bibliotecas de los Capuchinos de España que, bajo el nombre de Biblioteca Central, reúne en uno solo los fondos de las cuatro bibliotecas provinciales, las de Masamagrell (Valencia), Salamanca, Pamplona y Sevilla, a las que se han unido también las de los conventos de El Pardo (Madrid) y Antequera (Málaga). De ellas ya podíamos acceder a los libros antiguos de Masamagrell, Pamplona y Antequera a través del Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español (CCPB), no así a los del resto. Además del catálogo general, la orden ha creado otros dos, la Biblioteca Digital de Capuchinos, que se vale de enlaces a libros digitalizados en otros catálogos, y la Biblioteca de Escritores Capuchinos. La riqueza de las colecciones capuchinas en libro impreso de la época de la imprenta manual es enorme. Valgan unos números resultantes de búsquedas en el catálogo: 36 incunables, 2462 impresos del siglo XVI, 6372 del XVII y 14901 del XVIII. Pero uno, que tiene sus particulares obsesiones bibliográficas, cuando aparece un catálogo nuevo lo primero que hace es recurrir a ellas para probar su funcionamiento y, con mucha suerte, dar con algún hallazgo inesperado. Impresos madrileños del siglo XVII y los libros que pertenecieron a la biblioteca de Francisco de Quevedo son dos temas repetidos. 
Los impresos madrileños del XVII en estas bibliotecas son numerosísimos, abundando entre ellos los de tema religioso. Es una búsqueda que no depara grandes sorpresas, aunque sí alguna edición rara con ejemplar único en el mundo (por ejemplo, Plática espiritual de la visitación de la Virgen Santíssima, de Francisco Alemán, 1632) o alguna famosa obra con ejemplar nunca antes citado. Me refiero en este caso a un ejemplar de las obras de Góngora impresas en 1633, aunque parece que sin portada por la descripción que consta (Capuchinos de Salamanca). Habría que estudiarlo para asignarlo a una de las dos ediciones que se conocen del mismo año. 
La localización de ejemplares que pertenecieron a Quevedo es mucho más inusual y difícil. Pero he aquí que salta la liebre y encuentro un ejemplar quevediano desconocido por los especialistas hasta ahora. La edición de París de 1609 de las Historias de Polibio traducida al latín por Isaac Casaubon. Los datos del ejemplar son los siguientes (copio del catálogo): "Procedencia: tiene sello de la Biblioteca de D. Cánovas del Castillo. En la portada aparece, escrita a mano en latín y castellano, la firma de "Francisco de Quevedo y Villegas", con otras anotaciones también manuscritas." Se encuentra en la biblioteca del convento de El Pardo. En primer lugar habría que aclarar esa mención de Cánovas del Castillo, pues podría tratarse de un ejemplar del insigne político y también bibliófilo, Antonio Cánovas del Castillo, quien tuvo gran biblioteca que se dispersó a su muerte (actualmente donde más ejemplares se conservan de ella es en la Lázaro Galdiano de Madrid). Otro detalle importantísimo de esa descripción es que, además de las firmas de Quevedo, puede que tenga también otras anotaciones manuscritas de su mano. Algunos de los libros que poseyó han sido identificados solo por sus anotaciones autógrafas, careciendo de su firma. Más lecturas que se pueden sacar de este descubrimiento es la naturaleza de la obra. Un autor clásico que leyó Quevedo y que le sirvió, por ejemplo, para su argumentación en la Carta a Luis XIII, rey cristianísimo de Francia, impresa en Madrid en 1635. De momento, y antes de ver los ejemplares in situ, nos quedamos con la imagen que muy amablemente me han enviado desde la biblioteca capuchina. Muchas gracias.


4 comentarios:

Pablo Jauralde Pou dijo...

Estupendo

Pablo Jauralde Pou dijo...

Estupendo

PECE dijo...

Otra nueva y buena fuente de investigación.

En Melilla existió hasta el los años 80 del pasado siglo un convento de Capuchinos presentes en la ciudad desde 1661.

Buscando superficialmente en el catálogo sin embargo sólo he encontrado referencias a una obra de principios del XX editada en Melilla y, curiosamente, en los datos del ejemplar porta un sello de un convento navarro.

Lo lógico sería pensar que alguna documentación importante y colección de libros se llevaran, lo más probable que al de Antequera, aunque la historia de estos frailes la desconozco casi por completo. Tendré que indagar más sobre el tema.

Gracias por el enlace.

Carlos Fernández dijo...

Seguramente es como dices. Los conventos acaban vacíos y los libros tienen que ser trasladados a otros. Un caso que se me ocurre es el del convento de las Capuchinas de Toledo, con una buena biblioteca, pero monjas de esa orden tengo entendido que ya no queda ninguna allí. Gracias por vuestros comentarios.