27 febrero 2014

KOLIA DOCUMENTACIÓN

No suelo aprovechar este espacio para anunciar proyectos personales, pero en esta ocasión lo voy a hacer. Kolia Documentación es una empresa, una miniempresa como me gusta llamarla a mí, que hemos creado tres currantes (porque currantes somos) del mundo de las bibliotecas. En el terreno bibliotecario hay muchas empresas, unas muy grandes, otras más pequeñas y otras minúsculas en el número de sus efectivos humanos: una, dos, tres, cuatro, unas pocas personas que con ilusión y con mucha experiencia detrás nos lanzamos a crear nuestras propias criaturas con el fin de autoemplearnos y dedicarnos a lo que más nos gusta, trabajar con los libros, examinarlos, valorarlos, catalogarlos, reunirlos, transcribirlos, digitalizarlos. Nuestra web la ha creado otro de estos locos humanistas de letras que tiene la suya propia, More Than Books. Hace unos días él mismo daba noticia de nuestro feliz nacimiento en internet y de las vicisitudes de nuestra web. Amigos bibliotecarios, amigos bibliófilos, contad con nosotros si tenéis ahí un fondo de libros (y no solo libros, también papelajos de archivo, fotografías antiguas, partituras, discos...) que queréis estudiar, ordenar y/o catalogar. Haremos la labor con dedicación y detalle. Ya está aquí Kolia y me ha dado por acordarme de la famosa canción de Espronceda: 

Navega, velero mío, 
sin temor, 
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza 
tu rumbo a torcer alcanza, 
ni a sujetar tu valor.
 

Tarjeta de presentación realizada en una imprenta artesanal
 

20 febrero 2014

CÓMIC EN LA IMPRENTA ANTIGUA

La idea de esta entrada surge a raíz de leer un cómic de Scott McCloud titulado Understanding Comics: the Invisible Art (en español publicado como Entender el cómic: el arte invisible. Bilbao: Astiberri, 2007). Magnífica obra que todo buen aficionado a este arte debe conocer. Se trata de un tratado teórico hecho en forma de tebeo que intenta definir lo que es un cómic, cómo se hace, qué herramientas de comunicación con el lector utiliza y por qué hay que considerarlo como un tipo de arte a la altura de cualquier otra. Al principio de la obra hay un breve repaso por lo que el autor cree que fueron los antecedentes del cómic. Nombra el códice precolombino que narra la epopeya del héroe Ocho Venado "Garra de Tigre", aunque en este punto no está demasiado acertado pues uno no sabe a qué códice exactamente se refiere ya que todos los conservados cuentan la historia de este antiguo gobernante mixteco. En su búsqueda de narración secuencial mediante dibujos también nombra un ejemplo egipcio, las pinturas murales pintadas para la tumba de Menna, un escriba. Como él mismo dice habría que revisar muchos tipos de representaciones artísticas del mundo antiguo en las que puede haber algo que podría ser considerado como antecedente del cómic o arte secuencial en viñetas. En nuestra tradición ahí tenemos sin ir más lejos las Cantigas de Santa María donde las miniaturas suponen una narración paralela en imágenes al texto.

Cantigas de Santa María.

Ya en la época de la imprenta trae a colación un ejemplo de grabado xilográfico en el que mediante viñetas se cuenta la historia de San Erasmo y sus torturas; se trata este de un grabado alemán anónimo realizado hacia 1460. McCloud podría haber traído más ejemplos dentro de la imprenta antigua en los que mediante viñetas bien separadas se narra una historia. Por ejemplo, el grabado calcográfico conocido como "Virgen del Rosario" de fray Francisco Domenech realizado en 1488, cuyo original se conserva en la Biblioteca Real de Bélgica y del que la Biblioteca Nacional de Madrid tiene un ejemplar de una reedición del siglo XIX.

Versión modernizada de las Torturas de San Erasmo.


Virgen del Rosario.

La Biblia pauperum, una biblia para el vulgo en la que mediante imágenes acompañadas de texto se cuentan la vida de Cristo y episodios del Antiguo Testamento, conoció desde la época incunable numerosísimas ediciones. En esta obra incluso aparecen bocadillos que salen de las bocas de los personajes para expresar algo y, aunque se suele citar a los humoristas ingleses del siglo XVIII como los creadores de este recurso, quizás fue esta la primera ocasión en que se utilizó. Recuerdo otros grabados utilizados por la imprenta manual en los que hay filacterias con texto interior saliendo de la boca de los personajes representados.


Otro libro que conoció muchas ediciones en la Europa del siglo XVI es el Libro de las suertes, originalmente creado por Lorenzo Spirito (Libro de la ventura, en italiano), obra que se adentra a modo de juego en el mundo de la adivinación del futuro y en el que se suceden los grabaditos en viñetas.
Libro del juego de las suertes. Valencia: Joan Jofre, 1528.

También obras creadas para el consumo del pueblo, tenemos las aleluyas, forma de literatura de cordel nacida en la Francia del siglo XVI de temática variada y que tuvo su mayor auge en los siglos XVIII y XIX. Se las considera un precedente de la historieta, cuando no una modalidad de ella. Una de las mejores colecciones de aleluyas españolas es la que se guarda en la Fundación Joaquín Díaz en Urueña, pequeña localidad vallisoletana, dispuesta hace pocos años como Villa del Libro (numerosas librerías de viejo y un museo del libro, además de varios museos). En la Biblioteca Cervantes Virtual la Fundación cuenta con una página propia en la que se pueden leer más de mil de estas aleluyas de una forma muy original y práctica, con una lupa que va pasando sobre ellas.

Historia de Pierres y Magalona. Barcelona: Imprenta de Llorens, [s.a.]
Sin intención de ser exhaustivo en este asunto, aporto otros datos sobre libro antiguo y cómic. La primera novela gráfica, novela en imágenes con texto, parece ser que fue Lenardo und Blandine de Joseph Franz von Götz, impresa en Augsburgo en 1783. El considerado en el mundo anglosajón (el que más se ha ocupado de la historia de este arte) como padre del cómic moderno por su gran parecido a la forma actual del tebeo, es Rodolphe Töpffer, quien a partir de 1829 empezó a publicar álbumes en los que combinaba caricaturas en viñetas y texto. Hay más obras (no solo del ámbito librario, también de la pintura) en las que combinación de imágenes y texto podría considerarse un antecedente de la historieta moderna, pero con las traídas aquí es suficiente para demostrar lo antiguo de este recurso de expresión artística. Y no hemos tratado del manga japonés con su particular historia surgida desde el siglo XVII de los grabados ukiyo-e.


Lenardo und Blandine. Ausburg, 1783.

Viñetas de Rodolphe Töpffer.



El sueño de la esposa del pescador, de Hokusai, ca. 1820.



22 noviembre 2013

FERNANDO CORREA DE MONTENEGRO, JUAN GONZÁLEZ Y CATALINA DE BARRIO Y ANGULO, VIUDA DE AMBOS

En la calle del Carmen de Madrid, frente a la iglesia del mismo nombre, se encontraba una de las imprentas con más historia de la ciudad. Parece que inició su actividad con Fernando Correa de Montenegro en 1620 y se mantuvo activa hasta bien entrado el siglo XVIII con los sucesivos herederos. Vamos a fijarnos en su primera etapa, la que lleva desde Fernando Correa hasta su viuda Catalina de Barrio, pasando por el segundo marido de esta, Juan González. En Letras capitales he subido tres álbumes, uno para cada impresor, con iniciales grabadas y otros elementos tipográficos que utilizaron en la imprenta.
Sobre Fernando Correa aún quedan muchos interrogantes por resolver. Según Pérez Pastor y Agulló es el mismo impresor que trabajó en 1566 y 1567 para el Cardenal Infante en Lisboa. También se dice que era hermano de Manuel Correa de Montenegro, corrector de imprenta que trabajó en Salamanca a finales del siglo XVI. El caso es que estuvo al frente de la imprenta de la calle del Carmen solo dos años, 1620 y 1621. En 1621 su mujer, Catalina de Barrio y Angulo, ya firma los impresos del taller bajo la denominación de "Viuda de Fernando Correa de Montenegro".  Sin embargo, en 1623 contrae matrimonio con Juan González, hijo de Domingo González, importante librero madrileño de esta primera mita del siglo XVII. De 1623 a 1633 tenemos, por tanto, a Juan González imprimiendo bajo su nombre. A su muerte, producida el 15 de marzo de 1633, Catalina de Barrio vuelve a ponerse al frente del taller y a firmar sus impresos, primero como "Viuda de Juan González" y, a partir de 1640 y hasta que fallece en 1651, como "Catalina de Barrio y Angulo" (a veces solo como "Catalina de Barrio").
Tipográficamente he encontrado algún elemento que es utilizado por los tres impresores de esta primera etapa. Una muestra es esta D: 
Sin embargo, parece que Juan González aportó nuevo material y dejó de utilizar iniciales de este tipo:

Es característico de las impresiones de Juan González, y posteriormente de Catalina de Barrio, un juego de iniciales adornadas en su interior con angelotes:


De las escasas impresiones que hizo Fernando Correa se pueden destacar la Arcadia y la Decimoquinta y la Decimoséptima partes de las comedias de Lope de Vega (ambas de 1621) y los tres libros del Parto de la Virgen de Sannazaro (1620). 
Arcadia (1621). Ejemplar de la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid
 De Juan González, que empezó como empleado de la imprenta de Luis Sánchez, podemos destacar la impresión de algunas obras literarias como las Rimas de Gabriel de Bocángel y la Parte veinte de las comedias de Lope de Vega (1627), las Comedias de Juan Ruiz de Alarcón y los Sucessos y prodigios de amor de Juan Pérez de Montalbán (1628), el Polifemo de Góngora (1629), el Laurel de Apolo de Lope de Vega (1630) y La perfecta casada de fray Luis de León (1632). Otras grandes obras que salieron de sus prensas fueron el Epítome de la biblioteca oriental y occidental de Antonio de León Pinelo (1629) y el tomo segundo de la Historia natural de Plinio (1629). Posiblemente la última impresión que hizo en vida fue la Premática sobre las cosas tocantes a la conservación y aumento de la cría del ganado con tasa fechada el 5 de marzo de 1633 (murió el día 15). También mantuvo su negocio realizando multitud de relaciones de sucesos y alegaciones fiscales.


Catalina de Barrio, primero como viuda de Juan González y después con su propio nombre, parece que siguiendo a su marido se especializó en la impresión de relaciones y, sobre todo, de alegaciones. De este último tipo de impresos hay decenas salidas de sus prensas, aunque en muchos de ellos no constan datos de impresión. Para identificarlas, como siempre, hay que tirar de sus iniciales y adornos tipográficos. Por ejemplo, esta P y este escudo se dan en muchas de estas alegaciones.


El sucesor de Catalina de Barrio fue su hijo Juan Martín del Barrio, fruto de un tercer matrimonio con Alonso Martín (no confundir con el impresor Alonso Martín de Balboa, activo en Madrid a principios del siglo XVII), al que siguieron su viuda, Mariana del Valle, Francisco Nieto de Salcedo, un segundo Juan Martín del Barrio y ya en el siglo XVIII Gabriel del Barrio y su viuda. Incluso más allá de 1750 aparece un Juan Muñoz del Valle instalado en una imprenta de la calle del Carmen: ¿sería la misma en la que había comenzado Fernando Correa de Montenegro hacía más de un siglo?

Bibliografía
Agulló y Cobo, Mercedes: La imprenta y el comercio de libros en Madrid (siglos XVI-XVIII), 1992. Tesis doctoral que permanece inédita fundamental para cualquier estudio del libro en Madrid de estos siglos. La autora basó su estudio en la consulta de archivos madrileños, el de Villla, el de Protocolos, el Histórico Nacional, los de las parroquias. Tiene un gran apartado de documentos en el que reproduce varios de los impresores aquí tratados. Se puede descargar en este enlace.
Delgado Casado, Juan: Diccionario de impresores españoles (siglos XV-XVII). Madrid: Arco Libros, 1996.
Moreno Garbayo, Justa: La imprenta en Madrid (1626-1650): [Materiales para su estudio e inventario]. Ed. de Fermín de los Reyes. Madrid: Arco Libros, 1999. Tipobibliografía de las obras impresas en Madrid en estos años, útil para un primer acercamiento al tema, pero inacabada, siempre hay que consultarla con precaución porque está llena de errores.
 

02 septiembre 2013

PHILOBIBLON: TEXTOS ROMANCES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA MEDIEVALES Y RENACENTISTAS

El Philobiblon escrito por el obispo inglés Richard de Bury en el siglo XIV es, como la palabra griega de su título indica, todo un tratado de amor a los libros, además de uno de los primeros manuales de descripción y organización de bibliotecas que existen. El nombre de tan importante obra fue el elegido para bautizar una base de datos bibliográfica que intenta recopilar todo el corpus de la literatura en lengua romance de la Península Ibérica en la Edad Media y en el primer Renacimiento. Bajo el paraguas de la Universidad de California y al frente de este proyecto ya veterano (su antecedente es BOOST (Bibliography of Old Spanish Texts) nacido en 1974) se encuentra Charles B. Faulhaber y en él trabajan otros medievalistas e investigadores de reconocido prestigio como Ángel Gómez Moreno, Vicenç Beltrán y Arthur L. F. Askins. En realidad PhiloBiblon engloba cuatro bases de datos diferentes, a saber: BETA (Bibliografía Española de Textos Antiguos), BIPA (Bibliografía de la Poesía Áurea), BITAGAP (Bibliografía de Textos Antigos Galegos e Portugueses) y BITECA (Bibliografía de Textos Antics Catalans, Valencians i Balears). La más antigua y desarrollada es la primera, BETA, mientras que BIPA aún es un proyecto que está por integrarse junto a las demás. Para acceder a los textos las posibilidades de búsqueda son numerosas pues hay un primer filtro en el que se puede acceder a diferentes formularios de búsqueda (Obra, Biblioteca, Persona, Referencia y ejemplares) y en cada uno de ellos las opciones, derivadas de una descripción bastante completa de los registros, son variadas. Además, se puede marcar buscar solo en una de las tres bases de datos que hasta ahora están integradas (BETA, BITAGAP y BITECA). La mayor parte de los registros, sobre todo los de BITAGAP y BITECA, se han descrito de manera directa, es decir, con los datos recopilados por el investigador viendo el ejemplar en cuestión. Como es lógico, tratándose de la época de los textos que se estudian, la mayor parte del material es manuscrito, pero también andan por ahí muy bien descritos un buen número de incunables y para localizarlos, por ejemplo, se puede recurrir a la búsqueda por nombre de impresor. Quizás la parte en la que PhiloBiblon se ha quedado algo obsoleto es en la información sobre obras digitalizadas e imágenes limitándose a mencionar la magnífica base de imágenes Digital Scriptorium (bibliotecas norteamericanas), ADMYTE (¡de pago!) y la Biblioteca Digital Dioscórides de la Complutense, cuando hoy en día son decenas las bibliotecas digitales que ofrecen acceso a sus ejemplares digitalizados, incluyendo manuscritos e incunables. Aunque por la información proporcionada tampoco sabemos en qué punto de desarrollo está PhiloBiblon y si siguen en activo todas sus vías de investigación, esta base de datos es una herramienta fundamental para el estudio de los textos medievales en lengua romance de la Península Ibérica.



28 julio 2013

CATÁLOGO DE TRADUCCIONES ANÓNIMAS AL CASTELLANO DE LOS SIGLOS XIV AL XVI

Acaba de presentarse en la red un catálogo dedicado a las traducciones anónimas al español en libros de los siglos XIV al XVI en bibliotecas españolas, italianas y portuguesas. Su autora, Elisa Borsari, ganó el Premio de Bibliografía Nacional que otorga la Biblioteca Nacional en el año 2009 con una obra de título Catálogo de traducciones anónimas al castellano de los siglos XIV al XVI, en las bibliotecas de España, Italia y Portugal (publicado por la Biblioteca Nacional y el Ministerio de Cultura en 2011), y lo que podemos encontrar en este catálogo digital es el traspaso de lo publicado en papel a formato de base de datos. 
Para acceder a los libros hay un buscador avanzado que permite buscar por Título traducido, Título original, Autor, Siglo, Biblioteca y Signatura, con la particularidad de que de los campos Autor, Siglo y Biblioteca surge un formulario que hace más sencilla la búsqueda. Uno solo tiene que seleccionar, por ejemplo, a Bocacio, Juan, para saber qué traducciones anónimas se hicieron de sus obras durante estos siglos. O seleccionar una de las bibliotecas para saber qué obras se han encontrado en ella. La ficha de cada libro resulta bastante completa: título, autor, signatura topográfica, introducción (primeras líneas del manuscrito o impreso), colofón (para los impresos), origen (si es manuscrito o impreso), emisor (nombre del copista o del impresor), lugar (del manuscrito o del impreso), datación, destinatario (el único campo cuyo contenido no me queda demasiado claro), antiguos propietarios del ejemplar (aquí se incluyen también las antiguas signaturas (olim) de la biblioteca), otros datos (descripción física con indicación de número de páginas y otras caracaterísticas), primeras y últimas líneas del texto en sí, lengua, título y fecha original de la obra, y, por último, referencias bibliográficas. Además, a la izquierda podemos encontrar buenas reproducciones con posibilidad de ampliación de las partes más importantes de la obra. La parte técnica ha sido realizada por José Calvo, filólogo que también trabaja en Clásicos Hispánicos (como director técnico), Casa de Citas y Doce Libros.
En la historia de la literatura española se señala el siglo XIV como el punto de partida para que autores y traductores fueran creándose una conciencia de yo y empezaran a firmar las obras que hacían. Sin embargo, la anonimia en la traducción fue práctica habitual durante toda la Baja Edad Media. La importancia de este nuevo catálogo digital radica en ser la primera herramienta para los especialistas que quieran estudiar las traducciones que se hicieron durante estos siglos, hallar las fuentes originales y saber dónde se encuentran. Además, nos podemos hacer una idea del panorama de la traducción al castellano durante estos siglos: qué obras y autores eran los más traducidos y por consiguiente conocer los que pudieron influir más en el ámbito cultural español. El catálogo cuenta con unos 350 textos y, por supuesto, es incompleto, pues la lista de bibliotecas es limitada, pero su autora espera en próximas entregas la incorporación de nuevas bibliotecas y de otros textos, entre los que pueden estar también los que sí tienen nombre de traductor conocido.

"Cien novelas de Juan Bocacio". Bib. Monasterio de El Escorial.

10 mayo 2013

TIPOBIBLIOGRAFÍA VALENCIANA EN LÍNEA

Normalmente descubro los nuevos recursos que sobre libro antiguo existen en internet de manera directa o a través de fuentes indirectas dentro de la propia internet. En esta ocasión la noticia me ha llegado a través de publicación en papel, el homenaje a Jaime Moll que sus colegas de investigación y amigos le rinden en De re typographica (Calambur, 2012), publicado no ha mucho y que cuenta con la participación de grandes figuras de la investigación bibliográfica y literaria en España como Mercedes Fernández Valladares, Víctor Infantes, Pablo Jauralde, Trevor Dadson, Francisco Rico y Julián Martín Abad entre otros (este último con un artículo sobre cómo debería hacerse un buen instrumento de control de las marcas tipográficas españolas). En el segundo estudio del libro, titulado "Hacia una tipobibliografía digital", José Luis Canet presenta el proyecto del que es responsable, la base de datos Tipobibliografía valenciana siglos XV y XVI ubicada en Parnaseo, el portal de investigación literaria de la Universidad de Valencia. Las tipobibliografías -recuerdo, las bibliografías de las obras impresas en un determinado lugar- hasta ahora se habían publicado de manera tradicional en papel y, en general, todas tienen una estructura similar adaptada al formato en el que se difunden: una parte inicial con una introducción con estudios histórico-tipográficos, una parte central con la descripción tipobibliográfica de los impresos y una parte final de índices a la que, a veces, sigue algún apéndice con impresos imaginarios o fantasmas, impresos encontrados a última hora y unas pocas ilustraciones. En el mundo de la investigación bibliográfica actual, inundado y enriquecido por las herramientas que nos proporciona internet, la idea de desarrollar una tipobibliografía directamente en línea nos abre todo un abanico de posibilidades que el formato del papel no puede ofrecernos. Cuál es el atractivo principal: la posibilidad de incluir y buscar imágenes. Qué mejor modo de justificar la descripción facsimilar de una portada que contar con su imagen al lado, por ejemplo.
Las posibilidades de búsqueda que ofrece la base de datos son buenísimas. A las habituales de autor y título, se unen las búsquedas por año, impresor, letras iniciales grabadas y grabados en los que se incluyen marcas tipográficas, escudos, viñetas y orlas. Además, en las fichas de cada impreso está la portada y un PDF con su descripción tipobibliográfica completa. Maravilloso lo de tener con un par de clics todas las iniciales de la letra A que utilizó determinado impresor. Para hacer la base de datos José Luis Canet se ha basado en tres tesis doctorales dirigidas por él que recogen la producción bibliográfica valenciana de los siglos XV y XVI. Aquí, quizás, echo en falta la obra de Margarita Bosch Cantallops que, aunque imperfecta, siempre ha sido herramienta útil para conocer la imprenta valenciana del siglo XVI. 
En el artículo del libro José Luis Canet muestra algunas dificultades que ha tenido y que puede tener un proyecto así. No disponer de imágenes de todos los impresos, no tener imágenes en color y tener imágenes de poca calidad o engañosas en cuanto a su tamaño con respecto al original son las principales. Ciertamente no todas las bibliotecas con fondo antiguo disponen de medios técnicos para la obtención de buenas reproducciones. O, aún peor, algunas bibliotecas prohíben la obtención de imágenes de sus libros. Aun así, asumiendo estos problemas, el proyecto me parece acertadísimo y es posible que en un futuro no muy lejano las tipobibliografías se hagan en soporte digital en vez de o además de en papel.


10 abril 2013

TEXTOS DISPERSOS (IV). GONZALO DE AYALA

¿Quién es Gonzalo de Ayala? Un impresor, más concretamente, un corrector de imprenta que trabajó dentro de la primera mitad del siglo XVII en la imprenta de Luis Sánchez y en la Imprenta Real. Como personaje del mundo de la imprenta tuvo un reconocimiento ya en su tiempo que le llevó a obtener una fama merecida de hombre erudito, lector de griego, hebreo y latín, en los círculos literarios de la Corte. Personaje que nos viene a confirmar que un buen corrector debía tener amplios conocimientos de lenguas, ortografía y tipografía. En 1615 Cristóbal Suárez de Figueroa lo cita en su obra Plaza universal de todas ciencias y artes (1):


Mencionado muchos años después de su tiempo por Alonso Víctor de Paredes en su Institución y origen del arte de la imprenta y reglas generales de los componedores (ca. 1680, el primer manual tipográfico español) (2) como un predecesor eminente en su trabajo de impresor-corrector, "hombre muy noticioso, diestro y avisado en la impresión, y en diversas facultades". Y en la misma obra vuelve a aparecer como autoridad importante en la fijación de la ortografía castellana en la imprenta en el título del capítulo tercero: "Explicación de ortografía, según la doctrina de Felipe Mey en el Thesaurus verborum y de Guillermo Foquel en su Orthographía castellana, y conforme a la corrección que estilava Gonçalo de Ayala.".
Sin lugar a dudas el documento más importante que tenemos es una informacón en derecho escrita por Ayala, en compañía del abogado Juan de Valdés para las partes más jurídicas, en nombre de los impresores de Madrid para defender su profesión como arte muy diferente de la actividad de los libreros. Este impreso salió de la imprenta en la que trabajaba Ayala, la de Luis Sánchez, en 1619, y en él encontramos pasajes preciosos sobre la profesión tipográfica (3):

El corrector (de que huvo antiguamente y ay muchos graduados en las universidades en diferentes ciencas) ha de saber gramática, ortografía, etimologías, apuntuación, colocación de acentos, tener noticia de las ciencias y buenas letras, haziéndose capaz del assumpto del libro que se imprime, conocimiento de autores, de caracteres griegos y hebreos, [cifras médicas, astrológicas, abreviaturas escolásticas], reglas de música para libros de canto, buen discurso para conocer ex antecedentibus & subsequentibus la razón confusa, elocución y arte para emendar barbarismos, solecismos, y otros defetos que se cometen en latín y romance, saber el comportamiento de las planas, para que salgan en orden, y numerosos, y cuenta para los folios. De más de esto ha de tener el oído atento a lo que se lee, la vista a lo que se mira: el entendimiento a la contextura de lo que se corrige para emendar las faltas, y tanta atención, que qualquiera defeto corre por su cuenta. [...].
El componedor que junta y compone las letras, tiene sus particulares dificultades. Muchos dellos son latinos, y de componedores han venido a correctores: y assí casi es un ministerio en este particular: y los que no saben latín por lo menos han de saber la gramática castellana, poner las planas en buen orden y correspondencia, compartición de números, la traza de los árboles genealógicos y cierta cuenta particular y muy dificultosa: pues componiendo una plana, es fuerça cuente otras a buena disposición, y aquellas queden en la imaginación para componerlas después, y hazer que vengan a plana renglón: porque no todo se compone seguidamente sino alternado. Y en tantas diferencias como son las marcas de los libros, folio, quarto, octavo y los demás, ay diferentes órdenes y imposiciones, dificultad en que los más expertos yerran muchas vezes. Sin esto, tienen también conocimiento de los caracteres griegos, ligaturas, diferencias de acentos y espíritus: el de los hebreos y otros diferentes, canto, etc. [...].
 El ministerio del fundidor, que es hazer las letras, tiene tanta dificultad, que para hazerse buenos caracteres, es menester mucha destreza, porque tiene tantos instrumentos y matrizes, en que se funden, y estos tan dificultosos de concertar, que son raros los que salen perfetos artífices.
Síguese otro género, que llaman tiradores, que son los que después de correcta y compuesta la que llaman forma, la imprimen, y donde se imprime, se llama prensa, que tiene tal concierto, que en su tanto es como un relox, según la variedad de instrumentos que requiere: porque son las dificultades muchas, aunque parece lo más fácil [...]
También se sirve la imprenta de abridores de letras de madera y cobre, y estampas de fondo y relieve, que llaman basto y fino, retratos, armas y figuras en todo género de artes, y tinta diferente, que llaman de estampa fina [...].

En otra parte del impreso Ayala trata de la introducción del arte de la imprenta en España, de la venida de impresores extranjeros y de cómo, por culpa de la llegada de libros ilegales de fuera los impresores fueron marchándose y reduciéndose los de aquí:

Floreció assí el arte de imprimir algunos años, hasta que entrando surrepticiamente libros de fuera del reyno, particulares interesses causaron daños generales a los impresores, defraudándolos de su ocupación, a los autores del fruto de sus estudios y desvelos, y a su Magestad de los derechos que se le pagavan del papel blanco, que en España se imprimía: entrando assimismo muchos libros con errores heréticos, como consta de los prohibitorios y expurgatorios que sobre ello se han impresso, [...]
Por esto muchos artífices estrangeros se bolvieron a sus tierras, y los naturales se han ido acabando, y perdídose las imprentas, de suerte que apenas se hallan en algunas partes donde las huvo, memorias de lo que fueron en otro tiempo, si bien los pocos artífices que avía se conservaron hasta aora en su pacífica possessión, continuada desde sus principios por más de cien años.
En esta Corte la Magestad del religiosíssimo y santo rey don Felipe Segundo quiso bolviese a revivir este arte, mandando venir a ella desde Salamanca a Iulio de Iunti, dándole ayudas de costa, y haziéndole otras mercedes, y honrándole con título de su Impressor, y con su real presencia al arte y a sus professores en esta Corte, Alcalá de Henares y otras partes. [...].

Para acabar voy a traer la otra faceta artística del corrector Gonzalo de Ayala, la de poeta. A falta de hacer un estudio más exhaustivo encontramos poemas suyos desperdigados en preliminares de obras de otros autores y en justas poéticas y otras obras colectivas (4). El que aquí traigo es raro por cuanto se oculta en una obra de tema científico, el tratado farmacéutico de Francisco Vélez de Arciniega, Theoria pharmaceutica sectiones septem... (Matriti, ex Typographia Regia, 1624).







(1) Suárez de Figueroa, Cristóbal, Plaza universal de todas ciencias y artes, En Madrid, por Luis Sánchez, 1615, f. 119 v.
(2) Dado a conocer y editado por Jaime Moll. La última vez en Madrid, Calambur, 2002.
(3) Impreso descubierto en la Biblioteca Pública de Toledo, hoy Biblioteca de Castilla-La Mancha, por Víctor Infantes que lo dio a conocer íntegramente en "La apología de la imprenta de Gonzalo de Ayala: un texto desconocido en un pleito de impresores del Siglo de Oro", en Cuadernos bibliográficos, 44 (1982), 33-47. Reproducido también en Víctor Infantes, Del libro áureo, Madrid, Calambur, 2006, 195-211.
(4) Recopilados por José Simón Díaz, Bibliografía de la literatura hispánica, vol. VI, Madrid, CSIC, 1973. Habría que actualizar esta lista con otros poemas de Ayala presentes en más obras que no recogió Simón Díaz.
 
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